Nota de cuaderno · Proceso de compra
Cómo se arma una oferta de compra ante un escribano porteño
Del apretón de manos al boleto: qué se firma, qué se reserva y qué se negocia.
Una oferta de compra en Buenos Aires no empieza con la firma de la escritura, sino con una serie de pasos que muchas veces se subestiman. El primer contacto con el vendedor o su inmobiliaria suele ser informal, pero lo que se conversa allí condiciona todo lo que viene después: plazos, moneda de pago, quién paga cada gasto y qué pasa si alguna de las partes se arrepiente.
Antes de sentarse con el escribano conviene tener a mano el DNI o pasaporte, la constancia de CUIT si ya se tramitó, y una idea clara del origen de los fondos. Para un expatriado australiano, esto último suele ser el punto más consultado: los escribanos piden respaldo documental de las transferencias desde Australia y, en muchos casos, una declaración jurada sobre el origen del dinero.
Qué se firma en cada etapa
La reserva es el primer documento formal. Allí se fija el precio, la forma de pago y el plazo para llegar al boleto. No es la escritura, pero sí un compromiso con consecuencias: si el comprador se retira sin causa justificada, suele perder la seña; si es el vendedor quien se retira, debe devolverla duplicada.
El boleto de compraventa llega después, con un detalle más fino de las condiciones. Es el momento en que se discuten cláusulas sobre posesión anticipada, ajustes por deudas de expensas o ABL, y qué ocurre si la tasación del inmueble no coincide con el valor declarado.
Plazos y tasación
Entre la reserva y el boleto suelen pasar entre diez y treinta días, según la complejidad del caso. La tasación del inmueble conviene coordinarla con antelación porque los escribanos la usan como referencia para el cálculo de impuestos y para verificar que el valor declarado sea razonable. Si el comprador financia parte de la operación, el banco también pide su propia tasación, y eso agrega tiempo al calendario.
Un detalle que aparece seguido en las conversaciones con expatriados: la diferencia entre lo que se acuerda de palabra y lo que finalmente queda escrito. Vale la pena leer cada cláusula con calma, preguntar lo que no se entiende y no firmar nada sin haber consultado antes con alguien de confianza.